El gerente del Metro: «Déjame ir a la vía de pruebas, que voy a sacar un convoy»
El accidente mortal que costó dos vidas el martes por la tarde en las cocheras del Metro de Loranca pudo deberse a una imprudencia del responsable de Mantenimiento de Ciclo Corto de la empresa del suburbano, José Manuel Pérez García. El hombre, de 35 años, murió prácticamente en el acto, como la niñera de su hijo de 4 años, una chica suiza de 17. En el accidente también resultaron heridos leves la mujer de Pérez García y el crío.
Precisamente, todo comenzó por una visita familiar a las instalaciones. Según el atestado policial, a cuyo contenido ha tenido acceso este periódico, a las 19.05 horas, el gerente de Mantenimiento llegó con su mujer, hijo y la «canguro» a las cocheras. Se dirigió al despacho del jefe de las instalaciones y le pidió: «Déjame pasar a la vía de pruebas, que voy a sacar una unidad». Y le dieron el permiso.
La vía de pruebas es una recta para probar convoyes (el del accidente, con tres vagones, se utilizaba para ese menester) y tiene un recorrido de ida y vuelta. Y ese fue el que realizó José Manuel con su familia.
Así lo confirmó a la Policía uno de los testigos: «Estaba trabajando en la oficina, vi pasar a un convoy por la zona de maniobras y he escuchado un fuerte golpe». Otro lo confirmó: «Le vi ir y volver. Luego, escuché un ruido extraño. La catenaria oscilaba mucho. El hilo de trabajo y la columna estaban caídos». Efectivamente, el tren partió de una de las vías de cocheras, dio marcha atrás y luego de nuevo circuló hacia adelante, se saltó el tope de la vía muerta y chocó primero contra el poste del final de la catenaria, para estamparse contra un talud de tierra. Rebasó en diez metros el límite del raíl.
El drama estaba servido. Entre el amasijo de hierros se oía la voz del niño y la de su madre, que gritaba: «¡Hay cuatro personas dentro, José, un niño, una chica que está muerta y yo!».
José Manuel Pérez García, manifestaron a la Policía en Metro, poseía «amplios conocimientos del funcionamiento del tren», por lo que estaba capacitado para ponerlo en marcha. Añadieron que era «un trabajador prudente y responsable». Eso sí, a diferencia de las vías comerciales, en la de pruebas no hay sistemas automáticos de frenado. Por ello, debe ser el conductor del tren el que lo detenga. Y ahí pudo estar el problema.
La Policía Judicial de la comisaría de Móstoles, que investiga el dramático suceso, cuenta con la caja de registro de eventos del convoy, lo que popularmente se conoce como la «caja negra». También está revisando las grabaciones de las cámaras de seguridad de las instalaciones.
Fuente: abc.es

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