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D. Antonio Cendrero Uceda. Miembro del Global Terrestrial Observatory System de Naciones Unidas, el Centro Europeo de los Riesgos Geomorfológicos del Consejo de Europa y el Observatorio de Sostenibilidad de España

USECNETWORK International Magazine – abril 2012

Artículo en pdf13 Entrevista 3

Una de las labores de la protección civil es ahondar en la previsión y la prevención de desastres. Para ello muchas veces hay que recurrir a la comunidad científica que nos da las pautas gracias a nuevas teorías fruto de la investigación  que luego debemos de aplicar con mayor o menor premura. La historia de la humanidad está trufada de fracasos por no escuchar a personas que con su trabajo nos dan pistas de lo que  nos puede pasar si seguimos por un camino equivocado.

En unas conferencias dela Real Academiade Ciencias se dio a conocer una investigación que pone de manifiesto que la acción humana en estos últimos 60 años tiene mucho que ver con el aumento de las riadas, deslizamientos e inundaciones.  El conferenciante,  D. Antonio Cendrero Uceda,  Catedrático de Geodinámica  externa dela Universidadde Cantabria,  académico numerario dela Real Academiade Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ha trabajado  en distintas universidades americanas , argentinas, incansable conferenciante y divulgador científico. Ha sido y es miembro de organismos como el Global Terrestrial Observatory  System  de Naciones Unidas, el Centro Europeo de los Riesgos Geomorfológicos  del Consejo de Europa  y el Observatorio de Sostenibilidad de España.

Sus investigaciones se han centrado en el análisis ambiental y la sostenibilidad, riesgos naturales e interacciones entre actividades humanas y procesos geológicos superficiales.

D. Antonio Cendrero nos contesta amablemente a nuestras preguntas.

En primer lugar le pediríamos que definiera brevemente en qué consisten los Riesgos Hidrogeológicos.

Se engloba en este término (hidrogeológicos o hidrogeomorfológicos) los riesgos derivados de la interacción entre el agua y la superficie terrestre, principalmente inundaciones y deslizamientos de tierras, pero también otros como caídas de bloques, formación y colapso de cavidades subterráneas o aludes.

En la conferencia, nos llamó la atención la teoría de la “Gran Aceleración”, ¿nos puede decir qué es? 

La “Gran aceleración” es un concepto propuesto hace media docena de años por varios autores, entre ellos Crutzen y Steffen, que se refiere al fuerte incremento que ha tenido lugar en las distintas manifestaciones de la actividad humana a partir del final dela Segunda GuerraMundial, incremento mucho más marcado que los experimentados en periodos anteriores. Eso incluye cosas como el PIB, el consumo de recursos, el uso de fertilizantes, el número de vehículos, etc. Ese aumento de la actividad se ha visto reflejado también en incrementos muy fuertes de los cambios que la acción humana produce en el planeta, tales como disminución de los bosques o de los humedales, aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera, aumento del número de especies extinguidas o en riesgo de extinción, etc. También, como nuestros datos indican, en una marcada aceleración de los procesos geológicos superficiales que se manifiesta, por ejemplo, en una intensificación de la erosión y del aporte de sedimentos y en un aumento de la frecuencia y magnitud de deslizamientos e inundaciones.

¿Nos podría explicar qué relación hay entre Producto Interior Bruto (PIB) y las catástrofes hidrogeológicas en el mundo?

El PIB (total, no ‘per capita’) es un indicador de la intensidad de la acción humana en su conjunto. Cuanto mayor es la población y su capacidad económica y tecnológica mayor es el PIB y, por tanto, más se desarrollan las distintas actividades humanas. Gran parte de esas actividades (urbanización, construcción de infraestructuras, minería, explotaciones agrarias y forestales, etc.) afectan a la superficie terrestre, modificando los procesos geológicos superficiales y aumentando la sensibilidad de la capa superficial  a la acción de distintos agentes, entre otros la lluvia. El resultado neto parece ser esa aceleración de dichos procesos geológicos y el aumento de los riesgos asociados a ellos.

¿Qué les llevó a cruzar estos datos, en principio, tan dispares? ¿Se plantearon la relación del PIB con otro tipo de riesgos?

El origen de estas ideas está en la tesis doctoral de Juan Remondo, hace unos 10 años. En su trabajo sobre deslizamientos de tierras en una zona de Guipúzcoa observamos que en algo menos de 50 años la frecuencia de los mismos se había multiplicado aproximadamente por 10. El análisis de la evolución de las precipitaciones puso de manifiesto que estas no podían ser la causa de este aumento, y buscamos algunos indicadores de actividad humana que pudieran explicarlo. Así fuimos a parar al PIB. Posteriormente realizamos distintos análisis en varias cuencas del Norte de España,

Argentina y Brasil, y los nuevos datos resultaron ser coherentes con la hipótesis formulada. La recopilación de datos que ahora estamos realizando a nivel global indica lo mismo.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, la respuesta es sí. El PIB influye en todos los riesgos, porque mayor PIB implica que hay más personas, edificios, infraestructuras, etc., lo que aumenta la exposición humana. Por tanto, en caso de un episodio natural violento la probabilidad de daños es mayor. Lo que ocurre en el caso de los procesos de tipo hidrogeológico es que, además, parece que hay un aumento significativo en la frecuencia de los episodios violentos y potencialmente peligrosos.

Al parecer  existen actualmente  más catástrofes hidrogeológicas con el mismo régimen de lluvias, luego ¿el calentamiento global no influye tanto como  el cambio geomorfológico global fruto de la actividad humana?

Los datos que tenemos ponen de manifiesto que en los últimos 50-60 años, en casi todo el mundo, ha habido un aumento muy marcado de la frecuencia de las catástrofes debidas a procesos geológicos superficiales (en algunos casos multiplicándose por más de 20), mientras que el aumento en la frecuencia de los episodios de lluvias intensas ha sido muchísimo menor (unos pocos puntos porcentuales) o incluso nulo o bien con ligeras disminuciones, según las zonas. Los aumentos en las catástrofes se correlacionan bastante bien con algunos indicadores de influencia humana. Eso nos lleva a pensar que el factor más importante en el aumento de esas catástrofes no es el cambio climático, sino el cambio geomorfológico global.

Por supuesto, esto no quiere decir que el cambio climático no sea un problema importante y que no haya que dedicar  esfuerzos a su mitigación. Naturalmente que sí hay que hacerlo. Pero si lo que los datos que tenemos nos indican se confirma, lo que tendremos es que para la mitigación de este tipo de riesgos será más importante actuar sobre el cambio geomorfológico que sobre el clima. Además, esto es mucho más fácilmente abordable.

Ahora bien, estas cosas hay que tomarlas con mucha cautela. En Ciencia, el que una cosa sea razonable, posible e incluso probable no debe llevarnos a dar el salto de decir que sea cierta. Los datos que tenemos hasta ahora indican que el modelo es válido, pero son necesarios muchos más datos para poder afirmar que, en efecto, estamos ante un proceso de naturaleza global.

Por ejemplo, una carretera al ser una interacción en el equilibrio de la naturaleza,  puede originar posteriores deslizamientos  de ladera ¿cómo es eso?

Esto es algo muy conocido desde hace tiempo, por supuesto por las personas que se dedican a la construcción y mantenimiento de carreteras, y también por el público. Las excavaciones y acumulaciones que se realizan para construir carreteras alteran el perfil del terreno y las cargas sobre el mismo, lo que modifica los equilibrios de fuerzas y en muchos casos da lugar a deslizamientos. También, las carreteras alteran la circulación del agua sobre la superficie y tienden a concentrarla en ciertos puntos, facilitando así el desencadenamiento de deslizamientos.

El progreso causa inexcusablemente la modificación del paisaje ¿entendemos que, respecto a los riesgos hidrogeológicos, nuestra mayor amenaza es nuestra forma de vivir?

En esto, como en casi todas las cosas que tienen que ver con nuestra influencia sobre la naturaleza, el problema de fondo es que cada vez somos más, con mayor consumo ‘per cápita’ de todo tipo de recursos y mayor capacidad de modificar el medio (más riqueza y mayor capacidad tecnológica). Esto no puede crecer de manera indefinida. Nuestra manera de vivir no sería un problema sería si fuéramos 500 – 1000 millones de personas en el planeta. Con 7000 millones la cosa es diferente ¿y como será con 10.000 o 12.000 millones? Sin duda que podemos hacer las cosas bastante mejor sin pérdida de nuestra calidad de vida, pero en todo caso parece difícil pensar en un crecimiento continuado y sin límites. No sé hasta que punto la crisis actual no es también reveladora de que tal vez nos estemos acercando al límite de un modelo de relacionarnos con nuestro planeta.

¿Tiene  pues, la protección civil que trabajar mano a mano tanto con la comunidad científica  como con los gabinetes de ingeniería y viceversa para tomar el pulso a los acontecimientos tanto en intervención como en previsión y planificación?

Sin duda que un funcionamiento social proactivo en relación con los riesgos naturales ayudaría muchísimo a prevenir y mitigar sus efectos. Existe conocimiento científico suficiente para planificar mejor el uso de la superficie terrestre y capacidad tecnológica para ejecutar las actuaciones de forma más acorde con el funcionamiento de los procesos naturales. En ese sentido, la colaboración de los organismos de protección civil, con los responsables de la planificación y gestión del territorio, la comunidad de científicos y tecnólogos y las empresas implicadas sería claramente muy positiva.

Después de ver las tendencias globales, qué consejos daría a los ayuntamientos  que tienen en su mano la construcción local para minimizar los riesgos derivados.

A estas alturas de la vida uno tiende a ser cauto a la hora de dar consejos, y siempre lo hace con dudas. A pesar de ello, me atrevo a señalar dos cosas que parecen de sentido común. Por un lado, el viejo y conocido dicho de que es mejor prevenir que curar. Esto es válido en muchos ámbitos, pero especialmente aplicable en el caso de los riesgos naturales; una buena planificación preventiva es barata y puede ahorrar muchos daños a personas y muchos costes económicos. En segundo lugar, esa planificación que tiene que ver con la gestión del territorio que hacen los ayuntamientos, dejará sentir sus efectos beneficiosos de manera directa en el término municipal. Esto es, las herramientas de intervención están en gran medida en manos municipales. Si un ayuntamiento planifica bien evitará gran parte de los problemas de riesgos (no todos, por supuesto, pues también puede verse influido por lo que se haga en los municipios que le rodeen). A modo de comparación, si pensamos en la mitigación del cambio climático, vemos que las herramientas de intervención para conseguir resultados directos se encuentran muy lejos del ámbito municipal. Por ejemplo, por bien que haga las cosas un municipio en relación con las emisiones de CO2, eso no se dejará sentir de manera directa en el mismo (aunque sin duda sea una contribución útil a nivel global). Los efectos serán prácticamente imperceptibles si no hay actuaciones similares en todos los países, especialmente los que generan mayores emisiones.

Como norma general, debemos tener presente que es mucho más barato y eficaz trabajar conla Naturalezaque contrala Naturaleza. Estoes, adaptarnos a su funcionamiento en vez de forzar modificaciones en el mismo. Pienso que el comentario es claramente aplicable a la gestión municipal del territorio y de los riesgos naturales.

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Gonzalo Fernández

Gemma Álvarez

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